Hugo Rosas, Marco Arias y Sebastián Sánchez, estudiantes de la carrera de Ingeniería en Biotecnología del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, diseñaron una alternativa científica para mitigar la crisis ambiental generada por los plásticos de un solo uso. Mediante el aprovechamiento del mucílago de nopal —coloquialmente denominado “baba”— y de cubiertas externas de papa, los universitarios desarrollaron un biopolímero que revaloriza los desechos de la agenda agroindustrial bajo un esquema estricto de economía circular.
Esta propuesta tecnológica atiende de manera directa la problemática de la acumulación de microplásticos en los ecosistemas. A diferencia de las resinas sintéticas convencionales o de ciertos marcos normativos que contemplan plazos de descomposición prolongados, este nuevo material posee la capacidad de degradarse en un periodo de apenas 15 días al someterse a condiciones de composta, lo que representa una ventaja competitiva en el sector de los empaques sustentables.
A la fecha, el equipo de investigadores universitarios ha consolidado tres formulaciones químicas específicas. La línea de aplicación inicial está dirigida a la manufactura de cubiertos desechables, aunque el grupo proyecta expandir el uso del polímero en el mediano plazo hacia el desarrollo de envases flexibles y filamentos técnicos para impresión 3D.
Alumnos del CEM crean polímero compostable a partir de residuos agroindustriales
En el ámbito comercial, la propuesta destaca por su competitividad económica dentro del mercado de los bioplásticos. Los creadores estiman un precio de venta de 3.5 pesos por pieza, un margen que facilita su adopción frente a otras alternativas ecológicas actuales.
Los análisis financieros y de operaciones del proyecto indican lo siguiente:
- Punto de equilibrio: Se localiza en un volumen de producción mensual de 200 kilogramos de biopolímero.
- Abasto de insumos: La obtención de la materia prima es logísticamente viable debido a los altos volúmenes de descarte generados de forma diaria en centros de distribución como la Central de Abastos, así como en plantas comerciales procesadoras de alimentos.
- Mercado objetivo: El plan de negocios prioriza el despegue comercial en el sector de comida rápida (fast food), uno de los segmentos con mayor índice de consumo y desecho de utensilios monouso.
«En el futuro no existirá ninguna empresa que no piense en procesos sustentables, pues la biotecnología nos enseña que los subproductos no son basura y que todo tiene un valor real si sabemos transformar esos residuos en algo útil», manifestó el estudiante Sebastián Sánchez respecto a la filosofía de transferir valor a los remanentes industriales.
Por su parte, Hugo Rosas enfatizó la dimensión ética que debe acompañar a las soluciones tecnológicas contemporáneas, señalando que la viabilidad y el beneficio social de un proyecto se garantizan cuando este sustituye de forma efectiva los hábitos de consumo nocivos por alternativas genuinamente amigables con el entorno.
Aunque el bioplástico se encuentra actualmente en etapa de validación dentro de laboratorios universitarios, los alumnos del Tec de Monterrey han diseñado una hoja de ruta que contempla el escalamiento del proceso hacia una planta piloto en los próximos cinco años. Esta transición busca demostrar el potencial de la biotecnología aplicada en México como un motor clave para avanzar hacia un modelo donde la actividad industrial y la conservación ambiental coexistan en equilibrio.
Con información proporcionada en nota de prensa










