México se posiciona como uno de los países con mayor estrés hídrico a nivel global, donde el sector agrícola consume el 76% del agua disponible en las cuencas colocando a las cuencas mexicanas en un punto crítico de vulnerabilidad operativa para toda la cadena de valor alimentaria. Frente a este escenario de escasez y variabilidad climática, diversas organizaciones implementan soluciones tecnológicas para transformar la gestión de los recursos en el campo y asegurar la disponibilidad del recurso en el futuro.
Eficiencia y reposición hídrica en el sector agrícola
La compañía Kilimo opera en el mercado mexicano mediante modelos diseñados para generar ahorros volumétricos de agua a través de la reconversión y optimización de los sistemas de riego. La plataforma combina datos satelitales, información meteorológica y variables específicas de suelo para ofrecer a los agricultores recomendaciones de riego precisas.
«Básicamente generamos eficiencias en la gestión de riego en la agricultura, que esas eficiencias o ahorros en el riego se trasladan en beneficios volumétricos que para los corporativos son atribuibles como metros cúbicos verificables», señala Daniela Tagle, líder de desarrollo de agua y clima para Latinoamérica de la empresa.
Proyectos de acción colectiva en cuencas críticas
La organización impulsa estrategias en las regiones con mayor riesgo de disponibilidad de agua, tales como las cuencas Lerma, Bravo-San Juan y Moctezuma. A través de iniciativas de acción colectiva, la firma articula alianzas entre corporativos de tecnología, alimentos y bebidas. Estos modelos permiten compartir costos de infraestructura y mitigar riesgos operativos de manera integral en zonas sobreconcesionadas.
«Trabajamos en la intersección en agua y agricultura», destaca la directiva de la organización. La intervención abarca desde la reconversión de riego por gravedad e inundación hacia sistemas por goteo, logrando eficiencias de entre 85% y 95% en el uso del recurso. Además, la implementación facilita la incorporación de fertirriego, mejorando el rendimiento de los cultivos y optimizando la mano de obra en el campo.
Metodologías verificables y medición bajo estándares internacionales
Para respaldar los compromisos de sostenibilidad de los corporativos y evitar el riesgo de señalamientos por greenwashing, la firma aplica marcos de contabilidad hídrica auditados internacionalmente. La metodología permite cuantificar con exactitud la huella hídrica y los balances devueltos a la naturaleza.
«Utilizamos una metodología del World Resources Institute que fue del 2025, se llama Volumetric Water Benefits Accounting 2.0», explica Tagle. El proceso cuenta con la evaluación de verificadores externos independientes que auditan los datos agronómicos recopilados diariamente en campo. Gracias a este esquema de trazabilidad, la empresa reporta la reposición acumulada de 8 millones de metros cúbicos de agua en territorio nacional durante sus primeros cuatro años de operación.
Retos de financiamiento y democratización de la tecnología
A pesar de los avances alcanzados en la materia, el acceso al capital representa el principal cuello de botella para extender la infraestructura hídrica a pequeños y medianos productores. Actualmente, los proyectos de reconversión son financiados o subsidiados por grandes corporativos que buscan cumplir metas de neutralidad hídrica en sus cuencas de operación.
Sin embargo, la organización busca esquemas para que los agricultores accedan a créditos y tecnología de manera directa sin depender exclusivamente de subsidios corporativos. Esta democratización tecnológica permitirá desestresar las cuencas a mayor escala y fortalecer la resiliencia del sector agroalimentario frente a las sequías.









