La crisis climática está obligando a empresas, organizaciones sociales y gobiernos a replantear su relación con los ecosistemas de los que dependen las cadenas de suministro globales. En este contexto, la protección de los bosques tropicales y la promoción de modelos de producción sostenible se han convertido en elementos estratégicos para avanzar hacia modelos de desarrollo más resilientes.
Así lo plantea Jesús Hernández, gerente senior para Socios Estratégicos en Latinoamérica de Rainforest Alliance, durante su participación en un episodio de Valor Compartido Podcast, donde aborda el papel que desempeñan las comunidades rurales y las empresas en la construcción de sistemas productivos más sostenibles.
Rainforest Alliance es una organización internacional sin fines de lucro con casi cuatro décadas de trabajo en temas de agricultura, bosques y cadenas de suministro. Su misión, explica Hernández, es impulsar un modelo de desarrollo que combine prosperidad económica y conservación ambiental.
El trabajo de la organización se extiende actualmente a más de 60 países y se desarrolla en estrecha colaboración con comunidades productoras y empresas que buscan avanzar hacia modelos de producción más sostenibles. «Principalmente nuestra misión es crear un mundo donde las personas y la naturaleza prosperen en armonía. Y esto lo hacemos utilizando las fuerzas sociales y de mercado», subraya.
La presencia de Rainforest Alliance es ampliamente reconocida por el sello de certificación con la rana verde que aparece en productos agrícolas como café, cacao o frutas. Sin embargo, Hernández subraya que la certificación es solo una parte del trabajo que realizan. «Más allá de la certificación, también trabajamos asistencia técnica con las comunidades que trabajan en el bosque y producen otros productos del bosque como pimienta, semilla de ramón, miel, madera…» destaca.
Uno de los temas centrales de la conversación es el impacto que el cambio climático está teniendo sobre los sistemas productivos agrícolas en América Latina. Para Hernández, la región enfrenta desafíos cada vez más complejos relacionados con la estabilidad de los cultivos, la seguridad alimentaria y la viabilidad económica de las comunidades rurales.
Ante este escenario, Rainforest Alliance trabaja con un enfoque centrado en la adaptación y resiliencia de las comunidades productoras. «Nosotros trabajamos mucho con un enfoque en adaptación y resiliencia de las comunidades. No solamente queremos mitigar los problemas del cambio climático, sino queremos realmente lograr que las comunidades realicen procesos de adaptación y procesos regenerativos», explica.
Este enfoque busca fortalecer la capacidad de las comunidades para enfrentar fenómenos climáticos extremos y mantener la productividad de sus sistemas agrícolas sin comprometer la integridad de los ecosistemas. Además de la agricultura sostenible, la organización impulsa iniciativas de restauración de paisajes y conservación forestal que permiten mantener los servicios ecosistémicos de los que dependen múltiples actividades económicas.
Durante la entrevista, Hernández también destaca la importancia estratégica que tienen los bosques tropicales para el funcionamiento de la economía global. Aunque muchas veces se perciben como ecosistemas alejados de la actividad empresarial, su influencia es mucho más amplia de lo que suele reconocerse. «Se nos olvida pensar un poco en cómo el bosque tropical tiene también una relación, tal vez no tan evidente, pero sí muy importante con todas las demás industrias más allá de la agricultura», sostiene.
Los servicios ecosistémicos que proporcionan los bosques —como regulación climática, conservación del suelo o provisión de agua— son fundamentales para sectores económicos muy diversos. «Esto no solamente afecta a las industrias alimentarias también pueden empezar a afectar empresas de transporte, logística, tecnología y todo el tema económico y financiero«, enumera.
De hecho, Hernández recuerda que diversos estudios internacionales han demostrado que «el 85% de las empresas en el mundo depende directa o indirectamente de estos servicios ecosistémicos«. Esta realidad refuerza la necesidad de que el sector privado se involucre activamente en la protección de estos ecosistemas.
Otro de los mensajes centrales de Hernández es la interconexión que existe entre los diferentes ecosistemas del planeta. Fenómenos ambientales que ocurren en una región pueden tener repercusiones en lugares muy distantes. Para ilustrarlo, menciona el ejemplo de la relación entre el desierto del Sahara y la Selva Amazónica, un fenómeno ampliamente estudiado por la ciencia climática.
Este tipo de interacciones muestra que la protección de los ecosistemas no puede abordarse desde una perspectiva local o aislada. «Todos los bosques y selvas del mundo y todos los ecosistemas del mundo están interrelacionados«, subraya.
Desde esta perspectiva, la sostenibilidad empresarial también debe considerar la complejidad de estos sistemas naturales y el impacto que las actividades económicas pueden tener sobre ellos. Para organizaciones como Rainforest Alliance, el desafío consiste en generar modelos de colaboración que integren a comunidades rurales, empresas y gobiernos en la gestión sostenible de los recursos naturales.
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