Huella de carbono digital

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Huella de carbono digital

Por: GenÉthico

En multitud de ocasiones hemos escuchado afirmaciones como: “el entorno digital es más sostenible” o “lo hacemos todo online así evitamos imprimir”. Sin embargo, en una sociedad cada vez más inmersa en la digitalización, somos muy poco conscientes de la huella de carbono digital que conlleva nuestro consumo indiscriminado de la tecnología.

Como siempre que hablamos de sostenibilidad, cada decisión que tomemos tiene que estar centrada en el proceso, la necesidad real y la durabilidad en el tiempo.

De nada sirve desarrollar, por ejemplo, un sistema de acreditaciones para un evento o concierto con la idea de ahorrar en la impresión de las entradas si no podemos reutilizar la herramienta para otras ocasiones.

La correcta elección de los elementos digitales a implementar y tener una visión a largo plazo de su vida útil es clave para asegurar la sostenibilidad real.

Cuando desde GenÉthico hacemos alusión a este mito de que lo digital es más sostenible, a menudo nos preguntan qué supone dicho entorno digital para el planeta.

¿De qué hablamos cuando hacemos referencia a la huella de carbono digital?

Toda actividad que desarrollamos tiene un coste medioambiental y también social. Cada vez más estamos concienciados con esa reducción de las emisiones de carbono. Seguro que al hablar de ello lo primero que se nos viene a la cabeza es la movilidad. El auge de las bicicletas y de los patinetes en las ciudades es un hecho. El cambio hacia vehículos eléctricos o apostar por el hidrógeno como combustible del futuro son algunas de las transformaciones que ya estamos viviendo. En efecto, a priori resulta más fácil pensar en hacer que las personas nos traslademos de forma más sostenible. Sin embargo, deberíamos atribuirle el mismo grado de importancia a la huella ambiental provocada por nuestra actividad digital, aunque sea mas complejo pensar en ella dada su intangibilidad. De hecho podemos afirmar que:

  • Usar internet, contamina.
  • El sector tecnológico consume muchísima energía.
  • La nube mundial es un cajón desastre que mantenemos con una inversión de nuestro tiempo y no de dinero.
SÍ, CONTAMINAMOS CUANDO USAMOS INTERNET

Ahí van algunos datos que harán que no vuelvas a ver internet con los mismos ojos.

  • Cada búsqueda en Google genera 0,2 gr de CO2.
  • Cada email enviado genera 4gr de C02, por supuesto si añadimos imágenes o contenido extra al email, esta cifra aumenta.
  • El uso de una red social como Facebook durante un año, produce 300gr de CO2.

Estas cifras debemos contemplarlas en los millones de personas que tienen acceso a internet y lo usan a diario. Esto se traduce en que entorno al 2% de los gases de efecto invernadero son generados por el entorno TIC.

Cada tuit, cada foto de Instagram y todo el contenido que tengamos almacenado en la nube, contribuye al calentamiento global.


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Energía y minerales

Si nos paramos un minuto a pensar en la cantidad de elementos tecnológicos que fabricamos y usamos a diario, se puede entender en una sola mirada que extraemos una cantidad ingente de minerales que permiten la existencia de las baterías, por ejemplo. Hemos hablado detenidamente de los minerales de sangre en otro de nuestros artículos. La idea es simple: si estos minerales son escasos en la corteza terrestre, pero los extraemos de forma indiscriminada e, incluso, para ello explotamos a la población civil, en su mayoría menores, provocando la muerte de 4 personas por cada kilo de coltán… nada de esto es sostenible.

Por otro lado, para poder hacer uso del entorno digital que hemos creado necesitamos de servidores, cada vez más potentes, que puedan dar respuesta a nuestras consultas en buscadores, por poner un ejemplo. Dicho servidor puede estar ubicado a miles de kilómetros, lo cual no nos importa si garantiza que la experiencia de usuario sea buena, mejorando la capacidad de respuesta. Es decir, no nos preocupamos por mejorar el servidor más cercano ya que a mayor distancia tengamos el servidor mayor consumo de energía conlleva.

Debemos crear servidores eficientes en el consumo, reducirlo a mínimos y disponer de ellos en la menor distancia posible. Históricamente, estos grandes centros se ubicaban en lugares donde las empresas pudieran reducir el coste de su factura de la luz.

Asimismo, estas grandes granjas de datos se han establecido en países, como Islandia, donde su clima y su energía geotérmica facilitan su desarrollo. Evidentemente que ha dotado a la economía islandesa de un recurso importante. No obstante, el coste medioambiental también ha sido evidente y el gobierno islandés empezó a valorar todo ello en 2017.

Esto es solo la parte de consumo directo, pero no hemos mencionado la refrigeración que necesitan los servidores. Evitar el recalentamiento de dichos servidores es clave para garantizar su buen funcionamiento, por lo que no solo producimos en masa, sino que consumimos energía de forma astronómica.

Entendimiento

Las empresas tecnológicas saben que este modelo es insostenible, y lo saben desde hace años. El sector energético también es conocedor de su necesidad de cambiar el modelo de producir energía. También son conscientes desde hace años de ello, pero se ha preferido acabar con las fuentes de energías tradicionales y agotar el sistema, antes de transformarlo.

La realidad es que la obligación de entendimiento entre el sector energético y el tecnológico es una realidad. Si bien es cierto que desde 2008 existen códigos de conducta voluntarios para mejorar estos centros de servidores y su consumo energético, no se ha hecho suficiente. La clave está en la voluntariedad.

Cuando desde GenÉthico hablamos de ética empresarial hacemos alusión a este tipo de hechos. No debería ser necesaria una legislación para producir y consumir de forma responsable, debería ser una forma de trabajar generalizada. La voluntariedad de este tipo de documentos solo recalca la inexistente intención de mejorar los procesos, modelos de negocio, etc. En efecto, son muchas las grandes corporaciones que firman este tipo de códigos y pactos voluntarios con el fin de mejorar su imagen corporativa, pero, a la hora de la verdad, sus acciones se quedan en nada. Mientras que lo único que hacen es llevar a cabo acciones impuestas a nivel legislativo, la comunicación de las mismas es muchas veces percibida erróneamente como un compromiso real. ¿Y si no existiera la ley? ¿Harían algo?

Esto nos recuerda a algunas memorias de ODS de algunas de estas empresas, a las cuales solo les haría falta poner como título “cumplimos la ley” pero en su comunicación hacen creer que la voluntad de hacerlo mejor es tan grande que sobrepasa los mínimos legislativos. Lo sentimos, la mayoría de las veces no es real, se hace lo mínimo, pero se comunica como máximo.

Seguro que muchas personas pensarán: “es que no es tan fácil”. La transformación real no es fácil, lo que sí es fácil es decir tener la voluntad de hacerlo.

Informes, datos y recursos

Greenpeace realiza un informe desde 2009 acerca de la eficiencia energética. Dicho informe llamado Clicking Clean analiza las huellas energéticas de las mayores empresas tecnológicas, centros de datos y aplicaciones más populares del mundo. Actualmente se calcula que, aproximadamente, el 20% de la electricidad consumida mundialmente es por parte del sector TIC.

Google redujo las emisiones optimizando sus servidores para que funcionaran igual a 27 grados que a 20, lo que supone un ahorro energético enorme. Facebook se está sumando a la energía eólica y solar junto con Apple. Pero ojo, aunque aplaudimos esta medida enormemente, debemos seguir trabajando entre todos para continuar mejorando. Pero la realidad es que la famosa obsolescencia programada de los productos y la incitación al constante consumo, por parte de estas mismas empresas, es evidente.

Sí, no se puede hacer todo a la vez y los cambios llevan tiempo pero, no nos conformemos. Para cuando nos llega a nosotros la información, estos gigantes ya trabajan y estudian sobre ello durante años. Debemos cambiar la base de agotarlo todo mientras me sea rentable. Ya no hay cabida para una idea estructural así, y la tecnología debe sumarse a la sostenibilidad real ya.

Este artículo fue publicado por GenÉthico, lea el original aquí.


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