Por: Itzel Meyenberg Valero, Directora Global de Comunicación y Sostenibilidad de Aleatica
La infraestructura de transporte que sostiene nuestras ciudades y economías fue concebida bajo condiciones climáticas que hoy parecen pertenecer a otro tiempo. Las lluvias extremas, las inundaciones y las olas de calor ya no son fenómenos aislados: se han convertido en parte de la cotidianidad que desafía la continuidad operativa, eleva los costos de mantenimiento y presiona la capacidad de respuesta de las redes de movilidad. Cada interrupción impacta la actividad económica, la logística, la seguridad y la movilidad de millones de personas.
Frente a este escenario, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente[1] estima que los países en desarrollo requerirán al menos $310 mil millones de dólares por año para 2035 para financiar medidas de adaptación climática. Esta cifra refleja la magnitud de la transformación que requiere la infraestructura global y la necesidad de que gobiernos, inversionistas y operadores revisemos los criterios con los que diseñamos, financiamos y gestionamos la infraestructura estratégica.
Como operador global de infraestructura de transporte, en Aleatica integramos la sostenibilidad como eje central de nuestra gestión e implementamos una Estrategia de Cambio Climático alineada con el Acuerdo de París. Su enfoque combina dos prioridades complementarias: mitigar nuestro impacto ambiental para contribuir a la descarbonización, y fortalecer la capacidad de adaptación y resiliencia de las vías que operamos en los siete países de América y Europa donde tenemos presencia.
Los resultados en materia de descarbonización muestran avances tangibles. En 2025 logramos una reducción acumulada del 43% en emisiones de Alcance 1 y 2 respecto a 2019, superando anticipadamente la meta del 42% fijada para 2030. Este logro no solo nos acerca al objetivo de alcanzar emisiones netas cero en 2050, sino que también refuerza nuestra resiliencia climática al disminuir la exposición a riesgos regulatorios y energéticos propios de la transición hacia una economía baja en carbono.
«En este contexto, la resiliencia climática deja de ser una aspiración y se convierte en un criterio estratégico ineludible».
Este progreso se sustenta en la incorporación de energías renovables, la adopción de tecnologías más eficientes y el fortalecimiento de procesos de monitoreo y control. Hoy, 82% de la energía consumida en nuestras operaciones proviene de fuentes renovables, y hemos ampliado la autogeneración solar en 452% respecto a 2024. Con ello, reducimos la dependencia de mercados energéticos volátiles y aseguramos la continuidad operativa mediante soluciones distribuidas más autónomas y flexibles.
La resiliencia climática también exige preparación humana. Durante 2025 impartimos 838 horas de formación en gestión de riesgos y oportunidades, además de seminarios sobre fenómenos emergentes que involucraron a cientos de colaboradores.
Este esfuerzo fortalece nuestra capacidad de anticipación y respuesta frente a escenarios cada vez más extremos.
Paralelamente, estamos actualizando nuestro análisis de vulnerabilidades frente a los efectos del cambio climático para identificar riesgos específicos —desde lluvias torrenciales hasta olas de calor— a los que están expuestas nuestras vías, fortalecer su capacidad de adaptación y definir medidas concretas que garanticen la continuidad del servicio. Más allá del diagnóstico, buscamos que estos resultados se traduzcan en decisiones informadas para el diseño, mantenimiento y gestión de la infraestructura, incorporando criterios de resiliencia climática como parte integral de nuestra operación.
La infraestructura de transporte enfrenta hoy condiciones climáticas más complejas y una presión creciente sobre su capacidad de respuesta. En este contexto, la resiliencia climática deja de ser una aspiración y se convierte en un criterio estratégico ineludible. Las decisiones que tomemos hoy definirán no solo la continuidad de los sistemas de movilidad, sino también su capacidad de sostener el desarrollo económico en un entorno cada vez más exigente.
[1] Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Informe sobre la brecha de adaptación 2025: con el tanque vacío.









