Coronavirus y desigualdades

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Imagen ilustrativa. Foto: Engin akyurt/ Unsplash

Colaboración de: Nora Méndez, directora de Fundación Aliat de Aliat Universidades

La pandemia por Covid-19, que hoy afecta a un gran número de países en el mundo, nos ha hecho reflexionar sobre nuestra propia vulnerabilidad, entendiendo que todos somos susceptibles de contraerlo y que todos debemos contribuir a minimizar el contacto e interacción social para detener la dispersión del virus.

Este carácter democrático del virus, si bien útil para una toma de conciencia colectiva sobre la necesidad de cuidarnos los unos a los otros, nos ha privado de una segunda lectura que, me parece, es sumamente necesaria.

A estas alturas, me atrevería a decir que la mayoría tenemos muy claro el hecho de que este virus es mucho más agresivo en personas de la tercera edad, o bien con enfermedades crónicas preexistentes y sistemas inmunológicos comprometidos, que dificultan su respuesta natural a la infección.

Lo que quizá no tenemos tan claro, y está siendo evidente ya en otros países, es cómo la desigualdad económica influye para que este virus se ensañe aún más con ciertos grupos socioeconómicos, estableciendo una marcada tendencia hacia una mayor mortalidad entre quienes menos tienen.

En días recientes, en Estados Unidos surgió una discusión en torno a un marcado mayor contagio de Covid-19 entre la población afroamericana ¾que en algunos estados de aquel país llegaba al 70% del total¾, así como una mucho más alta tasa de mortalidad entre este grupo racial.

Al observar de cerca el fenómeno, los especialistas establecieron que no había una determinante genética específica dentro de este grupo étnico que los hiciera más susceptibles al virus, sino que las diferencias se explicaban por un racismo estructural que les coloca ¾a ellos, pero también a los latinos en ese país¾ en desventaja socioeconómica y, de ahí, en una mucho mayor vulnerabilidad.

Por una parte, se encontró que la mayoría de estos grupos no ha podido replegarse en sus casas, pues requiere salir diariamente a trabajar, además de que cuentan con labores de menor calidad que los ponen en mayor riesgo por un contacto directo ante el cual no están protegidos y que, en esta emergencia, no pueden realizarse a distancia. De igual forma, se identifican en una gran proporción de los afectados condiciones de vivienda precarias, en muchos casos de hacinamiento, que hacen imposible el aislamiento.

Por la otra, se destaca especialmente en este sector el muy deficiente acceso a servicios de salud a lo largo de su vida, con pocos o nulos servicios de medicina preventiva y de atención de enfermedades crónicas, que los pone en especial desventaja al momento de enfrentar al coronavirus.

La experiencia que están viviendo en aquel país, debería prender focos rojos en México, reconociendo que gran parte de nuestra población vive en circunstancias de igual o mayor precariedad, a los que se suma una desnutrición o malnutrición que se traduce en sistemas inmunológicos deprimidos, así como una muy peligrosa comorbilidad frente a la epidemia de obesidad y diabetes, que ya padecíamos.

Adicionalmente, la pandemia por Covid-19 encuentra a nuestro país con un sistema de salud con enormes carencias, desintegrado e insuficiente, que no está pudiendo siquiera dotar de protocolos ni de la más elemental protección a los médicos y enfermeros que están en la primera línea de atención. Y aún no llegamos a la etapa crítica de contagios.

La mayor parte de los agravantes antes apuntados requieren de modificaciones estructurales de gran calado, que hacen que la mayoría nos sintamos abrumados e impotentes. Sin embargo, no podemos quedarnos impávidos.

Encontremos la forma de contribuir en el corto, mediano y largo plazos. Si las vulnerabilidades se acumulan, sumemos también los apoyos e iniciativas para paliar en lo inmediato los efectos en los más desprotegidos.

Pero que no se nos olvide, cuando pase la fase crítica, que tenemos como gran pendiente construir formas de organización social más justas y equitativas, que equipen de mucho mejor manera a quienes hoy están en desventaja y prevengan que muchos más se sumen a este grupo.

La crisis sanitaria se convertirá pronto en una social y económica de dimensiones extraordinarias, que requerirá de todos nuestros arrestos para hacerle frente. Identifiquemos ya qué podemos aportar para que, de ésta, salgamos pronto todos mejor parados y fortalecidos.

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