La contaminación del agua: cómo no poner en peligro nuestra fuente de vida

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La contaminación del agua: cómo no poner en peligro nuestra fuente de vida

El planeta nos recuerda continuamente, con sequías cada vez más extremas, que sin agua no hay vida. Este recurso es imprescindible no solo para la supervivencia de los seres vivos que lo habitamos, sino también para el desarrollo socioeconómico, la producción de energía o la adaptación al cambio climático. Sin embargo, en la actualidad, nos enfrentamos a un enorme reto: la contaminación de ríos, mares, océanos, canales, lagos y embalses.

Las aguas del río Ganges bajan limpias y cristalinas por la ciudad india de Rishikesh, situada a las puertas del Himalaya. En aquellas montañas nadie diría que se trata de uno de los cauces más contaminados del mundo, con concentraciones de bacterias fecales que alcanzan hasta 31 millones por cada 100 mililitros, según la Fundación Sankat Mochan, una organización que batalla por devolver al Ganges su antiguo esplendor. Estos números convierten a este río sagrado en un símbolo de la contaminación hídrica, un problema global que afecta a uno de cada tres habitantes del planeta, según estima la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

¿Qué es la contaminación del agua?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el agua contaminada como aquella que sufre cambios en su composición hasta quedar inservible. Es decir, es agua tóxica que no se puede ni beber ni destinar a actividades esenciales como la agricultura, además de una fuente de insalubridad que provoca más de 500.000 muertes anuales a nivel global por diarrea y transmite enfermedades como el cólera, la disentería, la fiebre tifoidea y la poliomielitis.

Los principales contaminantes del agua incluyen bacterias, virus, parásitos, fertilizantes, pesticidas, fármacos, nitratos, fosfatos, plásticos, desechos fecales y hasta sustancias radiactivas. Estos elementos no siempre tiñen el agua, haciendo que la contaminación hídrica resulte invisible en muchas ocasiones. Por esta razón, se suele recurrir al análisis químico de pequeñas muestras y organismos acuáticos para conocer el estado de la calidad del agua.

Causas de la contaminación del agua

Los factores naturales, como la filtración del mercurio presente en la corteza de la Tierra, pueden contaminar los océanos, ríos, lagos, canales y embalses. Sin embargo, lo habitual es que el deterioro del agua proceda de las actividades humanas y sus consecuencias, que detallamos a continuación:

Calentamiento global

El aumento de la temperatura terrestre, a causa de las emisiones de CO2, calienta el agua y esto hace que disminuya su nivel de oxígeno.

Deforestación

La tala de los bosques puede agotar las fuentes hídricas y genera residuos orgánicos que sirven de caldo de cultivo para bacterias contaminantes.

Actividades industriales, agrícolas y ganaderas

Los vertidos de productos químicos procedentes de estos sectores son unas de las causas principales de la eutrofización del agua.

Basuras y vertidos de aguas fecales

La ONU asegura que más del 80 % de las aguas residuales del mundo que llegan al mar y a los ríos están sin depurar.

Tráfico marítimo

Buena parte de los plásticos que contaminan los océanos proceden de los barcos pesqueros, petroleros y de transporte de mercancías.

Derrames de combustible

El transporte y el almacenamiento del petróleo y sus derivados dan lugar a filtraciones que pueden llegar a las fuentes de agua.


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Consecuencias de la contaminación del agua

El deterioro de la calidad del agua tiene efectos negativos para el medio ambiente, la salud y la economía global. El propio presidente del Banco Mundial, David Malpass, alerta del impacto económico: “El deterioro de la calidad del agua frena el crecimiento y exacerba la pobreza en muchos países”. La explicación está en que cuando la demanda biológica de oxígeno —medida que muestra la contaminación orgánica registrada en el agua— supera determinado umbral el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) de las regiones ubicadas en las cuencas cae hasta un tercio. A renglón seguido, repasamos otras de las consecuencias:

  • Destrucción de la biodiversidad. La contaminación hídrica empobrece los ecosistemas acuáticos y facilita la proliferación descontrolada de algas fitoplanctónicas en los lagos —eutrofización—.
  • Contaminación de la cadena alimentaria. La pesca en aguas contaminadas, así como la utilización de aguas residuales en la ganadería y la agricultura, pueden transmitir toxinas a los alimentos que perjudiquen nuestra salud a través de su ingesta.
  • Escasez de agua potable. La ONU admite que aún existen miles de millones de personas en el mundo sin acceso a agua potable y saneamiento, sobre todo en zonas rurales.
  • Enfermedades. La OMS calcula que unos 2.000 millones de personas beben agua potable contaminada por excrementos, exponiéndose a contraer enfermedades como el cólera, la hepatitis A y la disentería.
  • Mortalidad infantil. Según la ONU, las enfermedades diarreicas vinculadas a la falta de higiene causan la muerte a unos mil niños al día en todo el mundo.

El impacto de la contaminación del agua.El impacto de la contaminación del agua.

Soluciones para la contaminación del agua

La mitad de los habitantes del planeta vivirá en zonas con escasez de agua en 2025, por lo que cada gota contaminada hoy supone una pérdida irreparable para el día de mañana. Por esta razón, debemos evitar la contaminación del agua con medidas como las que presentamos a continuación:

  • Reducir las emisiones de CO2 para evitar el calentamiento terrestre y la acidificación de los océanos.
  • Atenuar el uso de plaguicidas químicos y nutrientes en los cultivos agrícolas.
  • Disminuir y depurar las aguas residuales de forma segura para que, además de no contaminar, puedan reutilizarse para el regadío y la producción de energía.
  • Limitar el uso de plásticos de un solo uso que acaban flotando en ríos, lagos y océanos, muchos en forma de microplásticos.
  • Fomentar la pesca sostenible para garantizar la supervivencia de las especies y evitar el empobrecimiento de los mares.

Este artículo fue publicado por Iberdrola, lea el original aquí.


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