La brecha de género en el trabajo va más allá del salario

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La brecha de género en el trabajo
Imagen ilustrativa por: Shutterstock/Lerbank

Por: José-Ignacio Antón y Rafael Muñoz de Bustillo Llorente,
Universidad de Salamanca

Las diferencias entre hombres y mujeres en el mercado laboral suscitan un fuerte interés entre los ciudadanos y los medios de comunicación. Además es, desde hacia varias décadas, objeto de estudio privilegiado dentro de las ciencias sociales.

La amplia literatura sobre la brecha salarial por sexo refleja este alto interés de los investigadores. Sin embargo, nuestro conocimiento acerca de las diferencias en materia de condiciones de empleo resulta limitado.

También las diferencias en las características no salariales del empleo son una cuestión de relevancia, pues los trabajadores le dan un elevado valor. De acuerdo con encuestas como el International Social Survey Programme, los trabajadores atribuyen a algunas características del empleo una importancia mayor que a la propia remuneración.

La teoría económica afirma que, si el resto de condiciones laborales permanece constante, una mejora en una determinada dimensión del puesto de trabajo vendrá acompañada de una reducción del salario y viceversa. De esta forma, un atributo negativo, como un horario laboral nocturno, supondría mayor remuneración frente a un puesto de trabajo similar pero con un horario estándar.

Sin embargo, el funcionamiento de los mercados de trabajo en Europa es complejo. No solo es el resultado de las fuerzas de oferta y demanda, sino que las instituciones, las regulaciones y las normas sociales son factores de importancia. Por esta razón, la existencia de diferencias compensatorias es dudosa en la práctica.

En cualquier caso, las características del empleo tienen un valor económico para los trabajadores. Así, para ofrecer un cuadro más completo del bienestar de los trabajadores debemos considerar este tipo de atributos, no solamente el salario.

Midiendo la brecha laboral de género en Europa

En una investigación reciente, se analizó la brecha de género en las condiciones de trabajo no salariales y su evolución durante el periodo 2005-2015 en la Unión Europea (incluyendo Reino Unido).

Para ello, se explotó la información de la Encuesta Europea de Condiciones de Trabajo. Esta base de datos pertenece a la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y del Trabajo de la Unión Europea (Eurofound), que realiza la encuesta cada cinco años.

En nuestro trabajo construimos indicadores compuestos de calidad de empleo a partir de los métodos descritos en la literatura previa y de 46 variables de la encuesta. En particular, consideramos en el estudio las seis siguientes dimensiones:

  1. Entorno físico (riesgos ambientales, biológicos, químicos y posturales).
  2. Intensidad del trabajo (carga y ritmo de trabajo).
  3. Calidad del tiempo de trabajo (duración y horarios asociales).
  4. Entorno social (entornos violentos y apoyo social).
  5. Cualificación y autonomía (demandas cognitivas, control del ritmo de trabajo y formación).
  6. Perspectivas (tipo de contrato y perspectivas de permanencia y promoción).

Los resultados para el total de países de la Unión Europea sugieren que las mujeres soportan peores condiciones de empleo en materia de cualificación, discrecionalidad y perspectivas.

La calidad del empleo en estas dimensiones es entre un 9% y un 6% peor que en el caso de los hombres con similares características (edad, educación, antigüedad en la empresa, ocupación y sector).


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Por el contrario, las condiciones de empleo de las trabajadoras son mejores que las de los varones en términos de calidad del tiempo de trabajo (9%), entorno físico (3%) e intensidad (3%). El diferencial en la primera de estas dimensiones es posible que responda a la mayor demanda de flexibilidad de las trabajadoras. Concretamente, este factor se asocia a las mayor asunción de responsabilidades de las mujeres fuera del trabajo de mercado, como las vinculadas al cuidado de familiares y enfermos.

Las mayores exigencias físicas en los puestos de trabajos ocupados por los varones pueden dar cuenta de la brecha en los dos últimos atributos mencionados. No se detecta la existencia de diferencias significativas en materia de entorno social.

Cuando se desciende al ámbito nacional, las diferencias entre países afectan fundamentalmente a la intensidad de la brecha, pero no a su dirección. En cualquiera de los casos, podemos subrayar que la magnitud de las diferencias entre sexos en materia de las condiciones no salariales resulta inferior a la brecha salarial de género. Esta última suele situarse entre el 10% y el 20% dependiendo del país y el método empleado.

Teniendo en cuenta que la brecha de género representa una prioridad cada vez más relevante para las instituciones públicas nacionales e internacionales, resulta crucial conocer cómo han evolucionado estas diferencias en los últimos años. Los resultados del estudio apuntan a que los cambios observados durante el periodo 2005-2015 resultan de escasa entidad. Esta estabilidad esconde, sin embargo, algunas variaciones reseñables en dimensiones específicas.

Por ejemplo, se encontró una reducción de la brecha de género en materia de entorno físico y de la calidad del tiempo de trabajo debido a un empeoramiento de las condiciones de trabajo de las mujeres en estos ámbitos. En el ámbito nacional, nuevamente, no existe un patrón universal para todos los países.

Hacia una convergencia en la calidad del empleo

La última pregunta a la que respondemos en nuestro trabajo aborda la existencia de convergencia en la calidad de empleo. El concepto habitual que emplea la teoría económica implica explorar si existe una relación negativa entre el nivel inicial de la brecha de género y su evolución a lo largo del tiempo.

En este sentido, el análisis apunta hacia una evidencia clara de convergencia de la brecha de género en la Unión Europea. En los países con mayor brecha de género, ésta se habría reducido en el periodo 2005-2015 a mayor velocidad que en los países donde las diferencias de género en condiciones de trabajo eran menores. Asimismo, la intensidad de este proceso de homogeneización resulta más elevada en el caso de la intensidad del trabajo, la cualificacion y autonomía y el entorno físico y social.

Los resultados presentados en este artículo indican que las diferencias en condiciones de empleo por sexo trascienden el salario. En algunas de las dimensiones, además, las condiciones de trabajo son mejores para las mujeres. Por último, las brechas de género no permanecen constantes, sino que detectamos un proceso de convergencia dentro de la Unión Europea.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original aquí.


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